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martes, 12 de mayo de 2009

Puntos de la mujer



Puntos de la mujer.



Un recorrido por las zonas más erógenas del cuerpo de la mujer, donde se encuentran situadas y como estimularlas correctamente para aumentar el placer.


Veremos los puntos G,U,A y K y que posturas son las mejores para encontrarlos.






Si, sé que no tiene que ver mucho con Relatos, pero ya que llevo un año dedicándome ha realizar relatos eróticos me preguntaba si estaba realmente instruida en ellos, y en verdad me alegra decir que me queda un mundo por conocer. Sin embargo no sé cuantos seguirán siendo del mismo tema. Asi pués para tódo tipo de persona que les interese la información ahí están los links y mis más sinceras gratificaciones.


Pasarlo bien.

miércoles, 25 de marzo de 2009

El Autobús.




Con el corazón en un puño me dijiste que quedásemos. Hacia ya dos años que te conocía y nunca había visto una foto tuya, sin embargo, sabía como eras, porque estabas en mi mente. Castaña, morena, quizás de la misma altura que yo, pocos centímetros más. Ahora tenías el cabello liso, lo se, y largo, tu me dijiste que ya te había crecido que ya no estaba corto y rubio como antes. Castaño natural, también eres del color del café bombón. Unos labios carnosos, pero perfectos, encajaban en tu precioso rostro perfectamente.
Si, sin duda serías así, estoy segura. Tú ya me conocías, pero solo fue esta última vez, que viste una foto mía, en la que estaba poco agraciada “en verdad que eres hermosa” me dijiste, espero que sigas pensando eso mañana en la noche.

Dormí hasta tarde y tome una larga ducha al despertar. Caminé desnuda por la casa, -total mi compañera de piso es heterosexual y ni siquiera la importa mientras no toque sus cosas- las ventanas estaban abiertas y la brisa me traía un frescor a jazmín, las flores del jardín, siempre florecen de noche. La luz se estaba ocultando en el horizonte, aún se veía como un día nublado, pero pronto las farolas se encenderían y los transeúntes caminarían hacia sus casas a resguardarse de la noche.

Poco a poco me fui vistiendo, casi era rituálico, comencé eligiendo la ropa. Solo tomaríamos un café, o... ¿me llevarías a tomar algún trago? Puede que a algún club nocturno que te agradara, o tendrías miedo por mí y estaríamos en el pequeño estudio que habías alquilado. Demasiadas preguntas en mi cabeza. Primero me mire en el espejo interior del armario y luego la ropa. ¿Provocativa? ¿Casual? ¿Atrevida? ¿Quizás... zarrapastrosa...? Yo siempre iba zarrapastrosa, ir de otra manera seria fingir, y ella lo sabría pero, tampoco podía dejar que me viera de esa guisa. ¡Qué difícil! Vale, comienzo por la ropa interior, es más fácil, esa ya la había decidido el día anterior. El conjunto de intimissi, rojo a contraste con mi blanca piel, de encaje y culote. Mucho más sensual que un tanga. Botas las negras, nunca me las ponía pero quedarían bien si, y... la camiseta negra de lycra, de manga larga y un leve escote. Quiero algo que quede bien en la parte de abajo, ah, que diablos venga ¿tan mal iría así? Si, bueno, esta bien, andar semidesnuda por la calle no es decente. La falda burdeos de encaje. Todo listo.
El maquillaje, una sombra blanca y lápiz negro, y brillo en los labios rojo, al fin y al cabo... quiero ser tentadora.

No me llevo bolso porque prefiero no llevar nada, no se como irá la noche.

En el autobús comencé a morderme las uñas. Estaba mucho más nerviosa de lo que pensaba, los nervios me hacían temblar, las piernas no me respondían y en los labios no me quedaba carmín, no dejaba de mordérmelos. Tuve valor para bajar del autobús. Si había gente por la calle, era sábado y me cruzaba con grupos de jóvenes. Hasta que llegué a la plaza de la puerta del Sol, allí habíamos quedado, pero no sabía donde estarías, claro que después de tanto tiempo juntas sabía donde debía encontrarte en cuanto vislumbré el autobús de donaciones.

Y es que no eras tan caritativa como ellos pensaban, subí las escaleras y vi una mujer recostada encima de otra.

-Hola, Gabrielle. Te saludé

Tenías el cabello suelto, un pantalón vaquero ajustado a tu perfecto trasero torneado y una camiseta de tirantes granate, oscura como tu piel. Me deleitaba con la vista y el olor a sangre que inundaba el recinto, levantaste el rostro espaldas a mí, vi como te limpiabas con el brazo y te girabas. La sangre aun goteaba de la comisura de tus labios y caía hipnotizadora en las lindes de tu pecho, descubierto por el escote de la camiseta.
Me miraste con cuidado de abajo arriba, cual cazador desnudando tu presa, la sangre seguía cayendo y se escondía entre tus senos.
Eché una furtiva mirada al cuerpo del que se había alimentado. Miró después ella descarada se acercó hasta mí lenta y acompasadamente, el contorno de sus caderas y su figura de reloj de arena me devoraba la cordura. Puso su mano en mi cintura y se mordió el labio mientras olía mi cuello. Estaba tan cerca de mi...Sentí mi cuerpo arder en ese instante.
Se acercó aún más con todo su cuerpo, pegado a mi ya no había espacio entre ambas seguía observando mi cuello. Su aliento me hacía excitar y oleadas de calor me atravesaban.

-No te preocupes por ella Musa, ya está muerta.

Tiene una voz encantadora, sensual, profunda y pose un acento entre lo exótico y cantarín. Miraba al vacío intentando no parecer tan excitada como estaba pidiendo que el rubor de mis mejillas se disipara y que mi corazón dejara de cabalgar tan azoradamente. Sentía mis labios carnosos y enrojecidos me lamí suavemente sin perder la calma intentando que no se diera cuenta. Entonces caminó hacia la puerta del autobús y miró fuera, observé como la cerraba pulsando un botón del conductor y guardaba el cadáver en la cámara frigorífica. Yo la esperaba recelosa de moverme, no sabía que sentir era la primera vez que la veía, era tan intensa, tan fuerte y ágil en todos sus movimientos que yo solo me limitaba a observar como ocultaba nuestra presencia al resto en un descampado a las afueras de la ciudad.

-¿Musa? Y me paralizaba que mi nombre saliera de tus labios.

Me exalté con su llamada, estaba de nuevo tan cerca de mí, a mi espalda, volvió a posar su mano sobre mi cintura, pero tocó la tela de mi falta, jugueteando con los bordes y la otra también la posó. Poco a poco sentía la mano libre subir mi costado. Comenzó a rozar mi pierna muy despacio acariciaba mi muslo con su mano, luego con las uñas delicadamente subiste un poco mi falda hasta que desapareció entre mis piernas. Seguía sintiéndola más que antes, cuando comenzaste a rozar mi parte intima por encima de la braguita, arriba y abajo con más fuerza. No podía evitar respirar tan aceleradamente, la excitación aumentó cuando la otra mano agarró mi pecho con fuerza y su tacto me hizo endurecer los pezones. Agarré tu mano con fuerza y agitada, y entre las dos nos despojamos de la falda y el culotte. Sentía el ardor de mi entrepierna y la fiereza de tus gestos, como me recorres, aprietas cada curva de mi cuerpo y yo me estremecía tanto que te aferré las manos a mi pecho y te obligué a asirlo, exprimirlo, manejarlo quería sentir tus manos en mis senos, acariciándolos y tener tus labios besando mi pecho torturándome sintiendo tu calor. Acaricias mi pecho, subes poseyéndome hasta el cuello que acaricias y retirándome el cabello lo besas con una dulzura que me extraña en ti, subes aún más hasta mis labios que te desean. Introduces dos dedos dentro de mi boca y comienzas a juguetear con mi lengua, humedeciéndotelos. Te muerdo. Chupo con intensidad el líquido que sale de ellos, tú gimes entre el dolor y placer pero después me dedicas una carcajada. Sigues apretando tu cuerpo y el mío y siendo tus pechos y tu cadera clavándose en mí, queriendo atravesándome. Guío tu mano a mi entrepierna de nuevo rozo con ella mi pequeño triángulo, pero te zafas y ahora bajas un poco más el roce es más largo, mucho más intenso estoy húmeda por ti. Deslizas tus dedos en mi interior, y comienzas a subir y bajar dentro de mí, masturbándome, tocas mi clítoris en círculos lo acaricias cada vez con más intensidad. Y yo loca, gimo y me retuerzo, me aferro a tus manos para no caer pero cada vez las olas de placer aumentan de intensidad. Sigo apretándome a ti, rozándome. Mi pulsación se acelera, mis sentidos están más vivos que nunca y siento tu pecho acompasando el mío y, de nuevo otra oleada de placer sube por todo mi cuerpo. Sueltas mi pecho y afanas mi cadera empujándome con una mano y con la otra torturándome con un vaivén de éxtasis con golpes de goce. Deleitándome con cada roce, con tus acertadas caricias llego finalmente al culmen de mis sentidos embriagados por el éxtasis.

Empotradas contra una de las mesas, me sujetabas a cuatro patas mientras que estabas aún detrás de mí. Entonces lentamente sentí tus pechos apoyarse en mi espalda y el calor de tu vagina en mi trasero, tu aliento se hizo más intenso en mi nuca y sentí la presión que penetraba en mi cuello tan intenso y doloroso como dos agujas, mi propia sangre corría por todo mi cuerpo y me bañaba en suculento almizcle. Rajaste mi camiseta con la mano que tenías en mi espalda y rompiste el sujetador emitiendo un ruido de fiereza.

-Quiero poseerte. Ábrete para mí.

Musa.

Laura prisionera.


Laura prisionera.


Con mi pelo negro recogido en un moño estricto, mi rostro maquillado con unos ojos negros profundos y mi barbilla siempre bien alta, orgullosa, fuerte son mis gestos, y solo un mechón de cabello me cubre el rostro. Llevo la camisa favorita de mi novio, me pone follarte sabiendo que él no sabe nada...es la excitación de engañarle con mi amante secreto, ser mala, mi camisa es roja pasión, rojo intenso como la sangre que corre por mis venas. Mi escote está alzado por una camiseta apretada de lycra negra y no deja nada, absolutamente nada a la imaginación, toda mi talla 100 se ve. Pero no creas que acaba aquí porque llevo una minifalda bien ceñida, ajustada a mi trasero, redondo y firme, preparado para que me lo agarres bien fuerte...Si puedes quitar los ojos de mi triangulo, desliza la mirada y sáciate con el ligero, y mis largas piernas, con los tacones más largos y finos que hayas visto, de color rojos como las putas, porque nosotras las mujeres somos las perras, tenemos el poder, somos perras, las putas...
Sabes... siempre me lo quise hacer en una morgue. Aunque ahora estamos en un calabozo.
Cuando te desate quiero que hagas todo lo que te diga ¿si? O te castigaré duramente.

“Vos... sos un Ángel... pero yo querida mía, soy una vampira sedienta de ti.”
Saque mi larga, poderosa y entrenada lengua y la enseñé cómo metérsela.
Aún estaba agarr
ada por las muñecas, encadenada y presa de sus sentidos. La acariciaba con un profundo y mojado beso. Mordí su labio y di un gran lametazo calentón. Bajo ahora a tus grandes pechos, y te pellizco los pezones, los meneo y los rozo poniéndolos duros y deseosos, zigzagueo con mi lengua por tus aureolas pero me da hambre. Y chupo una y otra vez como un bebe tus pezones... juego con mi lengua repasando tu dureza esta calentita, tierna, deseosa. Te absorbo tan fuerte como si fuera ha hacerte un chupetón, sientes tu sangre y todo el ardor los latidos de tu pecho me excitan, con cada lamida, de nuevo lamo tus aureolas y te doy un estrujón. Gritas de placer un placer que llega al borde del dolor, lo asoma y lo siente casi sin decernir la realidad. Y te muerdo ese suculento y gran seno. Mis labios te queman, y chorrea la sangre caliente y con vida, sientes como te chupo y tu vagina mojada comienza a cobrar vida reclamando su parte, tensando el músculo quieres que baje. Gritas para que lo haga. Y yo, obediente lo hago, dejo tu aún chorreante pecho para bajar a tu sinuosa pelvis que baila procurando el roce de tu propia vagina y así llegar al clímax, pero no puedes sola y me incitas.
Notas como mi codo abre tus piernas más que dispuestas a dejarme, una línea blanca se asoma entre tus labios me provoca, es tu génesis, entonces te chupo con
un gran lametazo.
Mmm... Tu sabor me excita. No... No voy a darte lo que deseas. ¿Te crees que es tan fácil gatita? Aquí tengo un juguetito. Es un pene de goma. ¿Te gusta? Es grande, duro y desde ahora tu instrumento de tortura. Se llama Altair y es tu señor. ¿Vas a portarte bien gatita? ¿Si?
No dejo que contestes, porque te meto esa polla en la boca, te resistes y pones esa cara de ahogo pero te relajas cuando comienzo a moverla lentamente. Tranquilízate gatita. Comienzas a lamerla a chuparla y poco a poco te la comes entera. Pones cara de placer, lo disfrutas como la perra cachonda que eres.





Musa

martes, 3 de marzo de 2009

1er Relato: "Masturbación"

Y aquí estoy intentando llevarme bien con el blog, porque Phyran aun no me ha enseñado cómo se uitiliza esto.


Pues bien, dicho esto.... doy por comenzado el blog con este primer relato. Qué decir que por favor, si se copia, avisad, que no cuesta tanto y si tanto te interesa, realmente estamos aquí para complacer tu inquietud.








Masturbación





Masturbación



Se masturbaba desde los 6 años cuando una niña algo mayor que ella quiso probar su cosita, entonces comenzó su aventura con el sexo. Ella no recordaba que pasó, era demasiado pequeña y su mente al parecer solo mostraba su entusiasmo ante la parte positiva de la acción. Desde entonces cada vez que sentía estrés o que su cuerpo se elevaba de temperatura, había acudido a esa saludable práctica. A veces lo hacía antes de dormir y otras solo cuando no tenía nada que hacer, sin duda lo consideraba una afición como cualquier otra, solo que ésta siempre la proporcionaba placer.
Diana estaba sola en su casa, había llegado de trabajar, era verano y no aguantaba estar sin hacer nada. Se sentó en el sofá y pronto comenzó a escuchar nada más que las chicharras del jardín. Se levantó y cerró la ventana, la desquiciaban esos animalejos y sus ruiditos. Volvió a sentarse y miró las ventanas, la luz entraba por doquier, normal, eran las tres de la tarde del verano más caluroso que había padecido Andalucía. Y su sofá la atrapaba, eran de esos que daban un calor insoportable, suaves y acolchados. Se deslizó dejando medio trasero fuera, totalmente atrapada por la comodidad de los cojines. Entonces miró la hora, ya habían pasado hora y media desde que llegó, y ella sin hacer nada. Suspiró, se acariciaba su melena morena posada sobre sus pechos y pasados estos seguía cayendo hasta la cadera. Su ropa la asfixiaba, estaba sudando, completamente mojada por el sudor, La camisa se transparentaba, se desabrochó dos botones dejando el sujetador sugerente y visible. De su cuello caía una gota, resbalando por el pecho y por su suave piel bronceada. La falda de tubo con la que iba a trabajar la agobiaba, el forro se había adherido a sus piernas y se sentía incómoda con ese amasijo de ropa. Giró su cadera, llevó sus lánguidas manos a ella, con cuidado agarró la cremallera y poco a poco comenzó a bajarla, pestaña a pestaña teniendo cuidado con no romper el forro de dentro al pillarlo. Lo desabrochó por completo y se quitó la falda, deslizándola por las piernas muy despacio pues el forro estaba visiblemente mojado. La camisa se desabrochó sola con el movimiento y se abrió dejando su cuerpo semidesnudo. Solo su ropa interior la cubría y decidió quitarse la camisa. Se levantó con dificultad del cómodo asiento, agarró la ropa para después dejarla encima de su cama bien colocada.
Caminó con su escueta ropa y sus tocones altos por el pasillo, al final de éste había otra habitación. Anduvo y entró en ella, pensando en coger algún DvD con el que entretenerse. Rebuscó en la estantería entre los muchos CD pirata encontró uno “Hell boy”. No la había visto cogió el CD y volvió al salón. Lo puso y se tumbó en el sofá nuevamente. La película empezaba con el título “Hell boy”. Entonces aparecía un hombre en una habitación, con las paredes en un holograma de fuego, él estaba recubierto con pintura roja como los demonios, y al miarle la extrañó algo. Su entrepierna estaba eréctil, estaba totalmente desnudo y dejaba ver su miembro de gran dimensión totalmente rígido y firme. Su única vestimenta era una diadema con unos cuernos en lo alto. Entonces el joven habló.
- Nadie en este mundo puedes confiar, Ni en un hombre, ni en una mujer. Confía en mí y en tus sentidos. Alargó la mano hacia ella invitándola a entrar en el juego.

Esa voz la sonaba, se acercó a la televisión y le vio. Era su compañero de piso. No se lo podía creer ¿Era actor porno? Bueno, eso pinta de ser casero no era, ¡vaya! Que sorpresa...-se quedó absorta en su miembro- más grata. Se lamió los labios y se mordió el labio de abajo, que pronto comenzó a calentarse.
Volvió a tumbarse en el cómodo asiento y siguió viendo la película. Aparecía una mujer, y agarraba su mano. Entonces miraba su miembro con una pícara y ansiosa mirada. Y él le guió hasta su varonil instrumento. La actriz vestida con un angosto traje de látex, rojo pasión como sus labios, comenzó a dar lametazos sueltos y pronto la dirigió hacia su boca la introdujo dentro y a causarle placer.
- Sigue así,...sí. – Sonaba su voz con cierto jadeo y mimo -Mama del tridente de tu maestro, complácele...

Eso la ponía caliente a Diana, y su temperatura ascendió comenzando a sudar aún más, y se sintió mojada, no podía controlarlo, su respiración se agitaba sin control. Sus pechos se hinchaban y sentía que sus pezones estaban erectos. No podía creer que su compañero de piso estuviera haciendo eso. Siguió mirando la felación e incontroladamente sacó su lengua y dio un lascivo lametazo al aire. Ella también quería probarla. Aferró su pecho izquierdo con la mano lo apretó varias veces, la encantaba hacerse eso. Sentirlo blandito y turgente en su mano, tan... voluptuoso. Sentía su corazón palpitando, tenía unos grandes pechos y se desbordaba de su mano, el duro pezón quedó entre dos dedos y jugueteó con él un segundo, lo pellizcó suavemente, de nuevo lo acarició de arriba abajo poniéndolo más rígido aún. Siguieron sus caricias por la aureola en círculos más grandes cada vez y llegó a su canalillo, tan caliente y sudoroso.
Seguía mirando la película, estaban en el suelo ahora y jugaban con unos grilletes, la apresó con ellos los brazos, abría sus piernas con una sonrisa maliciosa. Su mano agarró bien el trasero de la diablesa y ésta quiso morderle. Lo harían como dos violentos demonios. Ella cruzó las piernas detrás de su cadera y él comenzó a penetrarla.

La mano de Diana quería saciar su ansia, bajo por su tenso abdomen y cruzó las gomitas de su braga. Ignoró sus rizos morenos que asomaban por fuera de estas y comenzó acariciar sus labios. Tenía que lubricarlos y descendió descubriendo lo mojada que estaba. Introdujo dos dedos dentro de la abertura y los bañó con el líquido, volviendo a lubricarse con ellos los labios interiores. Se los acariciaba en suaves círculos con mayor intensidad cada vez.

El vaivén de las caderas de ese hombre la volvía loca y seguía mordiéndose el labio hasta hacerse sangre. La fiereza del impulso que daba, los jadeos que salían de sus labios...Todo la envolvía en querer tenerle entre sus piernas.
Fijó su mirada en su miembro trabajando intensamente la abertura de la mujer, y en el vaivén de caderas...

Abrió un poco sus piernas, quería sentirle dentro de él fuera como fuese. Introdujo sus dedos dentro de sí misma, y siguió el mismo compás que él una y otra vez, una y otra vez.

Tan absorta en la pantalla que no sabía que el tiempo había pasado y que su compañero Michael, había llegado a casa, y entrado en la habitación.

-¿Te gusta? La preguntó.

Alzó la mirada y sobre ella quedaba la cabeza de Michael, con la misma mirada que en la película.
Sacó veloz la mano de sí misma, aún mojada. El silencio se hizo rígido solo cuestionado por los jadeos que Michael escuchaba de sí mismo y de la otra mujer, saliendo de la pantalla en estéreo y resonando por toda la habitación. Diana se puso colorada y él la seguía mirando. Michael dejó sus cosas en el suelo y se sentó a su lado, en el sofá.
-Por mí no te cortes. La sonrió. – De hecho...
Se colocó al final de sus pies viendo el magnífico paisaje de la chica masturbándose. Y comenzó a acariciarla el interior del gemelo, subiendo hacia al muslo, subía y baja otra vez. A una mano la siguió otra y notó el joven como estaba de deseosa, tenía los pechos fuera del sujetador y acalorada, sudaba por todo el cuerpo, su olor era excitante mezcla de jazmín y su propio olor, le encantaba ese aroma. Tenía la piel igual de húmeda que ella y era más suave que la seda.

Diana sentía como Michael la estaba tocando, mientras la miraba desde aquella posición, sentía vergüenza pero nunca había estado tan excitada por aquello, sentía sus poderosas manos tocar el interior de sus muslos y cómo la colocó un beso en su sedienta entrepierna. Separó el rostro de ella mientras la miraba con esos ojos negros, ávidos como tempestades. Se llevó las braguitas consigo y dejó ver su intimidad abierta completamente para él. Se acercó a ella, tiró su ropa interior sin cuidado alguno.

- No deberías parar, deja que yo continúe.

Le sentía dentro de ella, sentía su mano introducirse dentro y acariciara una y otra vez, mientras con su lengua dibujaba círculos en su clítoris. La firmeza de sus caricias, el empuje y la decisión eran las mismas que en la película, deseosa de más se atrapaba los pechos y los apretaba. El ritmo aumentaba, sentía su abdomen tensarse y relajarse, se movía hacia él, parecía una serpiente, oleadas de placer inundaban su cuerpo. Cerró los ojos y jadeó. Gemía y gritaba ansiosa de más.
- No te cohíbas, Diana, te deseo.
Gritaba que me diera más, solo deseaba que me hiciera sentir más.
Estaba tan mojada que empecé a moverme y frotarme siguiendo las súbitas ráfagas de placer, agarré su rostro por un segundo, pero me apartó.
-Tan solo disfruta, pequeña.
Ya estaba preparada para recibirlo todo dentro de mí. No esperé y el sudor se confundió con los hilos de líquido que se deslizaban por el interior de mi muslo. Llegué al éxtasis a horcajadas galopando y sintiendo su aliento entre mis piernas, su lengua torturándome y sus manos poseyendo todo mi cuerpo.
-¡Áh! ¡Aaahh!
Todo terminó, aún seguía con convulsiones esporádicas cuando se separó de mí vagina, se tumbó encima de mí aplastando mis senos con su pecho, estando nuestras bocas a unos milímetros seguía jadeando débilmente y respirando su ardiente aliento me confesó que me deseaba desde el día que vino a vivir conmigo. Su boca abrasó la comisura de mis labios en un violento beso y mi lengua buscó impulsiva la suya para devorándonos.





Musa.